El Jardín de San Francisco

El Jardín de San Francisco

martes, 17 de diciembre de 2024

 18 de diciembre

Te adoramos. Oh, Cristo, en todas tus iglesias que hay en el mundo entero y te bendecimos porque por tu santa cruz redimiste al mundo..

Te adoramos. Oh, Cristo, en todas tus iglesias que hay en el mundo entero y te bendecimos porque por tu santa cruz redimiste al mundo

 

Nos hemos reunido para orar en este tercer miércoles de Adviento, en la espera de Jesús. Él vino hace 2000 años a nuestro mundo, pero sigue viniendo cada día en cada rostro que nos necesita, en cada acontecimiento, en cada situación del camino de nuestra vida. Es el momento de tener los ojos abiertos y el corazón vigilante. Dispongámonos a abrir nuestro interior a su llegada, con la humildad,  sencillez y la devoción de Francisco al acoger al Niño en la noche de la Navidad en Greccio.

Y en este año, en el que nos preparamos para una Navidad distinta, sepamos poner nuestro corazón en la miseria del otro, como Jesús, como Francisco.

El Señor está más cerca de nosotros y nos ilumina cada vez más. Abramos nuestro corazón, que muchas veces está en tinieblas, a la luz admirable de su amor.

 

 

Encendemos, Señor, esta tercera luz

más cercanos ya a la noche buena de la Luz Mayor

 

Queremos dar testimonio de tu Luz, Señor,

como hizo Juan el Bautista,

No somos nosotros la Luz, pero sí los testigos

de la Luz verdadera venida a este mundo

 

Deseamos, Señor,

con esta tercera luz que encendemos,

que el fuego de tu Espíritu encienda

nuestros corazones

y los convierta en luminarias para los demás.

 

Danos un corazón que vea

las necesidades de nuestro prójimo

para compartir con él lo mejor que somos y tenemos.

 

Quema en tu hoguera, Señor,

toda la paja de nuestras vidas

y reúne nuestros granos en pan comunitario

para renacer en Belén, la Casa del Pan.

 

Para que Te revelemos

como buena y gozosa Noticia para los hombres,

tan necesitados de reconocerse como hijos de Dios en la Cuna comunitaria de Belén.

 

Sin llamarle,

sin haber pensado siquiera en él,

sin saber muy bien quién es,

sin tener oídos para escucharle,

sin comprender su palabra,

Alguien viene

a sentarse a nuestro lado

para estar con nosotros, los hombres.

 

Alguien viene

¡y tiene tantas cosas

que cambiar dentro de nosotros!...

No viene para que todo siga igual

ni para hacer silencio a nuestro lado.

Viene

porque es posible ser de otra manera

y compartir el pan a manos llenas.

 

Alguien viene desde Dios

y trae presencia de Dios a la tierra.

¿Sabremos aceptar la presencia de Dios

en éste que viene de parte de Dios?.

 

Alguna gente comenta que la Navidad es una pura farsa; que casi nadie celebra nada y se convierte en la gran feria del consumo anual.

 

Para una gran mayoría no es más que un pretexto para tener unos días de descanso, visitar familiares, recuperar amigos olvidados, comer bastante mejor de lo ordinario, gastarse unos dineros extra, conseguir los regalos deseados, y pasarlo lo mejor posible. Después vendrá la cuesta de enero y pasada la resaca, todo volverá a la rutina de siempre como si nada hubiese sucedido.

 

Pero para nosotros

 

* Navidad es actuar como Dios, que se hace el ser más débil e indefenso, para estar a la altura de los más desheredados de la tierra.

 

* Navidad es también hacer silencio, en medio del jolgorio, para escuchar la voz más profunda de nuestra conciencia.

 

* Navidad, por último puede ser una buena época para salirse de la ruta que lleva a los comercios y grandes almacenes, para buscar los caminos nuevos por los que Dios se acerca al hombre: el encuentro con la familia, vecinos, amigos, y toda persona marginada.

 

Sigue la verdadera estrella de la Navidad.

 

CARTA DE JESÚS

 

Como sabéis, nos acercamos nuevamente a la fecha de mi cumpleaños. Todos los años se hace una fiesta en mi honor y creo que este año sucederá lo mismo.

Como tú sabes, hace muchos años comenzaron a festejar mi cumpleaños, al principio parecían comprender y agradecer lo que hice por ellos, pero hoy en día nadie sabe para qué lo celebran. La gente se reúne y se divierte mucho pero no sabe de qué se trata.

 

Recuerdo el año pasado, al llegar el día de mí cumpleaños hicieron una gran fiesta en mi honor. Habían cosas deliciosas en la mesa, todo estaba decorado y habían muchos regalos, pero ¿sabes una cosa?... ni siquiera me invitaron, yo era el invitado de honor y no se acordaron de invitarme. La fiesta era para mí y cuando llegó el gran día... me dejaron afuera, me cerraron la puerta...

 

La verdad, no me sorprendió porque en los últimos años todos me cierran la puerta. Como no me invitaron, se me ocurrió estar sin hacer ruido, entré y me quedé en un rincón. Estaban todos brindando, había algunos contando cosas, riéndose, lo estaban pasando en grande. Dieron las doce de la noche y todos comenzaron a abrazarse, yo extendí mis brazos esperando que alguien me abrazara, y... ¿sabes? nadie me abrazó. De repente todos empezaron a repartirse los regalos, uno a uno los fue abriendo hasta terminar, me acerqué a ver si de casualidad había alguno para mí, pero no había nada. ¿Qué sentirías si el día de tu cumpleaños se hicieran regalos unos a otros y a ti no te regalaran nada?

 

Comprendí entonces que yo sobraba en esa fiesta, salí sin hacer ruido, cerré la puerta y me retiré.

 

Quisiera que esta navidad me permitas entrar a tu vida, que reconocieras que hace más de dos mil años vine a este mundo para dar mi vida por amor, por todos y para todos. Hoy, sólo quiero que tú creas esto con todo tu corazón.

 

Hasta pronto. Tu amigo, Jesús.

 

Nosotros queremos que Jesús no se sienta así, nos estamos preparando para vivir la Navidad, estamos decorando nuestras casas y nuestras clases, pensemos pues, tal y como nos indica el papa Francisco como todos estos símbolos nos ayudan a encontrar el verdadero significado de la Navidad

 

Navidad eres tú,

cuando decides nacer de nuevo cada día y dejar entrar a Dios en tu alma.

 

El pino de Navidad eres tú,

cuando resistes vigoroso a los vientos y dificultades de la vida.

 

Los adornos de Navidad eres tú,

cuando tus virtudes son colores que adornan tu vida.

 

La campana de Navidad eres tú,

cuando llamas, congregas y buscas unir.

 

Eres también luz de Navidad,

cuando iluminas con tu vida el camino de los demás con la bondad,

la paciencia, alegría y la generosidad.

 

Los ángeles de Navidad eres tú,

cuando cantas al mundo un mensaje de paz, de justicia y de amor.

 

La estrella de Navidad eres tú,

cuando conduces a alguien al encuentro con el Señor.

 

Eres también los reyes Magos,

cuando das lo mejor que tienes sin importar a quien.

 

La música de Navidad eres tú

cuando conquistas la armonía dentro de ti.

 

El regalo de Navidad eres tú,

cuando eres de verdad amigo y hermano de todo ser humano.

 

La tarjeta de Navidad eres tú,

cuando la bondad está escrita en tus manos.

 

La felicitación de Navidad eres tú,

cuando perdonas y reestableces la paz, aun cuando sufras.

 

La cena de Navidad eres tú,

cuando sacias de pan y de esperanza al pobre que está a tu lado.

 

Tú eres, sí, la noche de Navidad,

cuando humilde y consciente, recibes en el silencio de la noche

al Salvador del mundo sin ruidos ni grandes celebraciones.

Tú eres sonrisa de confianza y de ternura,

en la paz interior de una Navidad perenne que establece el Reino dentro de ti.

 

 Una muy Feliz Navidad para todos los que se parecen a la Navidad.

 

 

domingo, 8 de diciembre de 2024

 

11 de Diciembre 2024


Te adoramos. Oh, Cristo, en todas tus iglesias que hay en el mundo entero y te bendecimos porque por tu santa cruz redimiste al mundo

Estamos en la  segunda semana de Adviento, recuerda la actitud de amor a Dios para con el hombre, invitándolo también a reflexionar sobre el amor que manifiesta a los que lo rodean. Los profetas mantenían encendida la esperanza de Israel. Nosotros, como un símbolo, encendemos dos velas. El Señor está cada vez más cerca de nosotros y debemos prepararnos dignamente para recibirlo en nuestros corazones. Hagamos un momento de silencio para elevar nuestra oración al Señor.

 

Debemos preparar el camino del Señor y esto nos exige estar preparados interiormente para la venida de Jesús, para que lo recibamos con un corazón reconciliado, cada vez más convertido y transformado, capaz de amar y entregarse a los demás. Hagamos un compromiso concreto para esta semana que nos ayude a disponernos cada vez mejor para su venida.


Que cada uno de nosotros, Señor, te abra su vida para que brotes, para que florezcas, para que nazcas y mantengas en nuestro corazón encendida la esperanza. ¡Ven pronto, Señor! ¡Ven, Salvador!

 

Os anunciamos el gozo de Adviento
con la segunda llama ardiendo;
el primer ejemplo Cristo nos dio,
vivid unidos en el amor.

 

Tú, Dios del tiempo

nos tienes esperando.

Quieres que esperemos

el momento justo para descubrir

quienes somos, dónde debemos ir,

quienes nos esperan a nosotros y qué debemos hacer.

Gracias... por el tiempo que nos concedes para esperar.

 

Tú, Dios de los espacios

nos tienes mirando.

Quieres que miremos en lugares buenos y en lugares inciertos

para ver si hay señales de esperanza

y gente desesperanzada.

Para ver si hay señales de un mundo mejor

que puede brotar.

Gracias... por el tiempo que nos concedes para mirar.

 

Tú, Dios y Amor,

nos tienes amando.

Quieres que seamos como Tú:

que amemos a las personas que no tienen amor,

a las que son imposibles de amar,

que amemos sin celos ni amenazas,

y, lo más difícil de todo

que nos amemos a nosotros mismos.

Gracias... por el tiempo que nos concedes para amar.

 

Y en todo esto nos guardas.

Ante las preguntas difíciles que no tienen respuestas fáciles,

cuando fracasamos allí donde esperábamos triunfar,

cuando nos aprecian allí donde nos sentimos inútiles.

Y, pacientes, soñadores y amando,

con Jesús y su Espíritu

Tú nos guardas.

Gracias... por el tiempo que nos concedes para aguardar.

 

Hoy como ayer, Señor, no dejas de decir a los hombres: “El Reino de Dios está cerca de Vosotros, ¡convertíos y creed en la Buena Noticia”.

Convierte tú nuestra mirada para que sepamos discernir tu nueva e imprevisible presencia cada mañana, en nuestras casas y en nuestros lugares de trabajo, a la puerta de nuestro corazón y de nuestras ocupaciones, a la puerta de la vida diaria.

 

Muéstranos cómo basta con muy poco,

cómo apenas basta con nada, para sentirte muy cercano.

Un encuentro, una sonrisa, una mirada,

un apretón de manos, un pájaro, una flor,

una nube, una puesta de sol, una palabra, un silencio,

una oración, la risa de un niño, una carta,

una llamada de teléfono, una comida en familia...

Basta con muy poco, basta con nada.

 

Conviértenos a la mirada de tu fe,

abre nuestros ojos para que vean la claridad de tu presencia

en la sombra gris del día a día;

abre nuestros oídos para que oigan el discreto aliento

de tu paso en el rumor de lo cotidiano.

 

Te pedimos, Padre, por nuestra Santa Iglesia Católica que se prepara para la venida de tu Hijo, parque que siempre tengamos fijos los ojos en Aquél que nos trae la reconciliación.

VEN SEÑOR JESÚS

Te rogamos por la paz en el mundo, para que en este tiempo de Adviento se viva con mayor intensidad el amor y la solidaridad.

VEN SEÑOR JESÚS

Te pedimos, Padre, por cada uno de nosotros, para que hagamos esfuerzos por caminar al encuentro del Señor Jesús, que es la "Luz del Mundo".

VEN SEÑOR JESÚS

Te rogamos también por nuestra familia, para que a ejemplo de la familia de Nazaret vivimos el amor mutuo y nos preparemos para la venida de tu Hijo.

VEN SEÑOR JESÚS

Te pedimos que Santa María aliente nuestros pasos en este Adviento, y sea Ella quien nos enseñe a crecer en confianza y esperanza en la venida del Reconciliador.

VEN SEÑOR JESÚS

Adviento, tiempo de esperanza,
en el seno de María crece el fermento de un mundo nuevo,
el hijo del Dios vivo que llega a compartir con nosotros.
Nace Emanuel, Dios-con-nosotros,
hecho niño, pobre, pequeño y necesitado.


María nos enseña el camino
para hacer nacer a Jesús
en nuestro tiempo:
confianza, entrega, fidelidad, coraje,
y mucha fe en el Dios de la Vida.
 

Tiempo de espera,
de atención y cuidados,
de respeto y contemplación. Señor,
hay mucho dolor en nuestro tiempo,
hay sufrimiento e injusticia,
ayúdanos a sembrar semillas de esperanza.

Descúbrenos la alegría de la paciente espera,
activa y fecunda,
comprometida por la vida de los que nos rodean.
Enséñanos a hacer crecer
la esperanza de algo nuevo,
anímanos a entregar nuestras vidas
para la construcción del Reino.

Es tiempo de espera, Señor,
pero también es tiempo de donación
y compromiso efectivo.

Contágianos la fe sencilla de María,
que dio su vida para alumbrar el Reino
y hacer nacer la esperanza en medio de su pueblo

Acudamos pues,  a nuestra Madre para que nos obtenga abundantes gracias que nos ayuden a prepararnos, de la misma manera como Ella lo hizo, para recibir al Señor Jesús.  Recemos junto un Ave María.