18 de diciembre
Te adoramos. Oh, Cristo, en todas tus iglesias que hay en el mundo entero y te bendecimos porque por tu santa cruz redimiste al mundo..
Te adoramos. Oh, Cristo, en todas tus iglesias que hay en el
mundo entero y te bendecimos porque por tu santa cruz redimiste al mundo
Nos hemos reunido para orar en este tercer miércoles de
Adviento, en la espera de Jesús. Él vino hace 2000 años a nuestro mundo, pero
sigue viniendo cada día en cada rostro que nos necesita, en cada
acontecimiento, en cada situación del camino de nuestra vida. Es el momento de
tener los ojos abiertos y el corazón vigilante. Dispongámonos a abrir nuestro
interior a su llegada, con la humildad,
sencillez y la devoción de Francisco al acoger al Niño en la noche de la
Navidad en Greccio.
Y en este año, en el que nos preparamos para una Navidad
distinta, sepamos poner nuestro corazón en la miseria del otro, como Jesús,
como Francisco.
El Señor está más cerca de nosotros y nos ilumina cada vez
más. Abramos nuestro corazón, que muchas veces está en tinieblas, a la luz
admirable de su amor.
Encendemos, Señor, esta tercera luz
más cercanos ya a la noche buena de la Luz Mayor
Queremos dar testimonio de tu Luz, Señor,
como hizo Juan el Bautista,
No somos nosotros la Luz, pero sí los testigos
de la Luz verdadera venida a este mundo
Deseamos, Señor,
con esta tercera luz que encendemos,
que el fuego de tu Espíritu encienda
nuestros corazones
y los convierta en luminarias para los demás.
Danos un corazón que vea
las necesidades de nuestro prójimo
para compartir con él lo mejor que somos y tenemos.
Quema en tu hoguera, Señor,
toda la paja de nuestras vidas
y reúne nuestros granos en pan comunitario
para renacer en Belén, la Casa del Pan.
Para que Te revelemos
como buena y gozosa Noticia para los hombres,
tan necesitados de reconocerse como hijos de Dios en la Cuna
comunitaria de Belén.
Sin llamarle,
sin haber pensado siquiera en él,
sin saber muy bien quién es,
sin tener oídos para escucharle,
sin comprender su palabra,
Alguien viene
a sentarse a nuestro lado
para estar con nosotros, los hombres.
Alguien viene
¡y tiene tantas cosas
que cambiar dentro de nosotros!...
No viene para que todo siga igual
ni para hacer silencio a nuestro lado.
Viene
porque es posible ser de otra manera
y compartir el pan a manos llenas.
Alguien viene desde Dios
y trae presencia de Dios a la tierra.
¿Sabremos aceptar la presencia de Dios
en éste que viene de parte de Dios?.
Alguna gente comenta que la Navidad es una pura farsa; que
casi nadie celebra nada y se convierte en la gran feria del consumo anual.
Para una gran mayoría no es más que un pretexto para tener
unos días de descanso, visitar familiares, recuperar amigos olvidados, comer
bastante mejor de lo ordinario, gastarse unos dineros extra, conseguir los
regalos deseados, y pasarlo lo mejor posible. Después vendrá la cuesta de enero
y pasada la resaca, todo volverá a la rutina de siempre como si nada hubiese
sucedido.
Pero para nosotros
* Navidad es actuar como Dios, que se hace el ser más débil
e indefenso, para estar a la altura de los más desheredados de la tierra.
* Navidad es también hacer silencio, en medio del jolgorio,
para escuchar la voz más profunda de nuestra conciencia.
* Navidad, por último puede ser una buena época para salirse
de la ruta que lleva a los comercios y grandes almacenes, para buscar los
caminos nuevos por los que Dios se acerca al hombre: el encuentro con la
familia, vecinos, amigos, y toda persona marginada.
Sigue la verdadera estrella de la Navidad.
CARTA DE JESÚS
Como sabéis, nos acercamos nuevamente a la fecha de mi
cumpleaños. Todos los años se hace una fiesta en mi honor y creo que este año
sucederá lo mismo.
Como tú sabes, hace muchos años comenzaron a festejar mi
cumpleaños, al principio parecían comprender y agradecer lo que hice por ellos,
pero hoy en día nadie sabe para qué lo celebran. La gente se reúne y se
divierte mucho pero no sabe de qué se trata.
Recuerdo el año pasado, al llegar el día de mí cumpleaños
hicieron una gran fiesta en mi honor. Habían cosas deliciosas en la mesa, todo
estaba decorado y habían muchos regalos, pero ¿sabes una cosa?... ni siquiera
me invitaron, yo era el invitado de honor y no se acordaron de invitarme. La
fiesta era para mí y cuando llegó el gran día... me dejaron afuera, me cerraron
la puerta...
La verdad, no me sorprendió porque en los últimos años todos
me cierran la puerta. Como no me invitaron, se me ocurrió estar sin hacer
ruido, entré y me quedé en un rincón. Estaban todos brindando, había algunos
contando cosas, riéndose, lo estaban pasando en grande. Dieron las doce de la
noche y todos comenzaron a abrazarse, yo extendí mis brazos esperando que
alguien me abrazara, y... ¿sabes? nadie me abrazó. De repente todos empezaron a
repartirse los regalos, uno a uno los fue abriendo hasta terminar, me acerqué a
ver si de casualidad había alguno para mí, pero no había nada. ¿Qué sentirías
si el día de tu cumpleaños se hicieran regalos unos a otros y a ti no te
regalaran nada?
Comprendí entonces que yo sobraba en esa fiesta, salí sin
hacer ruido, cerré la puerta y me retiré.
Quisiera que esta navidad me permitas entrar a tu vida, que
reconocieras que hace más de dos mil años vine a este mundo para dar mi vida
por amor, por todos y para todos. Hoy, sólo quiero que tú creas esto con todo
tu corazón.
Hasta pronto. Tu amigo, Jesús.
Nosotros queremos que Jesús no se sienta así, nos estamos
preparando para vivir la Navidad, estamos decorando nuestras casas y nuestras
clases, pensemos pues, tal y como nos indica el papa Francisco como todos estos
símbolos nos ayudan a encontrar el verdadero significado de la Navidad
Navidad eres tú,
cuando decides nacer de nuevo cada día y dejar entrar a Dios
en tu alma.
El pino de Navidad eres tú,
cuando resistes vigoroso a los vientos y dificultades de la
vida.
Los adornos de Navidad eres tú,
cuando tus virtudes son colores que adornan tu vida.
La campana de Navidad eres tú,
cuando llamas, congregas y buscas unir.
Eres también luz de Navidad,
cuando iluminas con tu vida el camino de los demás con la
bondad,
la paciencia, alegría y la generosidad.
Los ángeles de Navidad eres tú,
cuando cantas al mundo un mensaje de paz, de justicia y de
amor.
La estrella de Navidad eres tú,
cuando conduces a alguien al encuentro con el Señor.
Eres también los reyes Magos,
cuando das lo mejor que tienes sin importar a quien.
La música de Navidad eres tú
cuando conquistas la armonía dentro de ti.
El regalo de Navidad eres tú,
cuando eres de verdad amigo y hermano de todo ser humano.
La tarjeta de Navidad eres tú,
cuando la bondad está escrita en tus manos.
La felicitación de Navidad eres tú,
cuando perdonas y reestableces la paz, aun cuando sufras.
La cena de Navidad eres tú,
cuando sacias de pan y de esperanza al pobre que está a tu
lado.
Tú eres, sí, la noche de Navidad,
cuando humilde y consciente, recibes en el silencio de la
noche
al Salvador del mundo sin ruidos ni grandes celebraciones.
Tú eres sonrisa de confianza y de ternura,
en la paz interior de una Navidad perenne que establece el
Reino dentro de ti.