miércoles, 11 de enero de 2017

Miercoles, 11 de enero

Un capítulo nuevo en nuestra vida

Ya estamos de nuevo en el Colegio después de las vacaciones de Navidad; supongo que ya tendríais ganas de volver, ¿no?
Resultado de imagen de feliz año 2017Hemos despedido al 2016 deseando que el 2017 sea mejor que el anterior. Nos hemos deseado felicidad, prosperidad, que se hagan realidad nuestros sueños y hemos transmitido AMOR a la familia y a los amigos y amigas.
Muchas veces nos han dicho que nuestra vida es como un libro empezado y todavía sin acabar de escribir. Cada día, una página en blanco que nosotros mismos rellenamos con lo que hacemos, con nuestras decisiones, con nuestros pensamientos. Cada año es un capítulo nuevo, una historia nueva que no tiene un final marcado, porque el final lo ponemos cada uno.
El capítulo que empezamos hoy es diferente al anterior. Es una historia llena de oportunidades. “Año nuevo, vida nueva”: eso quiere decir que tenemos la ocasión de corregir nuestros errores, de proponernos nuevas metas y de dejar atrás lo que no hemos hecho del todo bien.
Pero también este capítulo es continuación de una historia que venimos escribiendo hace tiempo. Es una ocasión para continuar todo lo bueno que hemos empezado, para seguir estudiando, divirtiéndonos, compartiendo la amistad y los buenos momentos.
Como nos dice Dios en los Evangelios: “pon tus dones, tus panes”, “comparte tu tiempo”, “sonríe a todos”, “pon color a la vida”.
Que este nuevo año que empezamos, Jesús nos enseñe a ser humildes, generosos, austeros… en definitiva, a ser buenas personas.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,29-39):

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar.
Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca.»
Él les respondió: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.»
Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

COMENTARIO
Queridos amigos, Paz y Bien.
Un día de la vida de Jesús, en el templo, primero, después, con la familia y los amigos, a continuación, atender a los enfermos que venían de todas partes, y para tomar fuerzas, oración en soledad y vuelta a empezar.
Creo que a pesar de la multitud de gente con la que se veía Jesús, tenía una mirada de amor, una palabra, un gesto personalizado para cada uno. Cada persona, después del contacto con Cristo, se sentiría curada no solo por fuera, en la enfermedad, sino también por dentro. Esa mirada de amor sanaría el cuerpo y el alma y daría fuerzas para convertirse en testigo de la Buena Nueva.
Jesús iba por todas partes, para anunciar su mensaje. Sin descanso, sin prisa, pero sin pausa. Dando a todos y a cada uno una palmadita, una mirada amable, haciéndoles sentirse importantes, únicos, irrepetibles.
Para Dios todos somos únicos. Y no importa lo malos o buenos que seamos, siempre está ahí, al alcance de la mano, cerca. Y es que “el Señor se acuerda de su alianza eternamente”, como dice el salmo.
Acércate al Señor, cuando te sientas enfermo. En el cuerpo (para eso está el sacramento de la Unción de Enfermos) y en el alma (oración, sacramento de la Reconciliación…) Siempre puedes sentir esa mirada de amor.
Nos podemos convertir en un transmisor de ese amor de Dios. Si lo hemos sentido en nuestra vida, podemos hacerlo. No dejemos que la pereza nos venza. Hagamos algo. De nosotros depende.

¿OJO POR OJO, O PERDONAR?
Jesús nos trae hoy una Buena Noticia.
Quizá creamos que sabemos mucho sobre él, que hemos oído muchas veces hechos de su vida, pero su palabra puede sonar de forma distinta cada día y nos puede dar luz en nuestros problemas.
En ocasiones, nos enfadamos con los demás o incluso podemos llegar a insultar a aquel que no nos cae bien. Ante esto Jesús nos dice unas palabras:
“Habéis oído que antes se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente.’ Pero yo os digo: No resistáis a quien os haga algún daño. Al contrario, si alguien te pega en la mejilla derecha, ofrécele también la otra.  Al que te pida algo, dáselo; y no le vuelvas la espalda a quien te pida prestado.”
“También habéis oído que antes se dijo: ‘Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo.’ Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, pues él hace que el sol salga sobre malos y buenos, y envía la lluvia sobre justos e injustos. Porque si amáis solamente a quienes os aman, ¿qué recompensa tendréis? Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario?”

Jesús nos ha dejado este mensaje para que lo tengamos en cuenta en nuestra relación con los demás. Su consejo para que seamos felices es que no peguemos, que la violencia no lleva a ningún sitio. Dar y ayudar a todo el que nos pide algo, aunque no nos caiga bien o no le conozcamos. En definitiva, saludar, querer, compartir con todos, pero empezando con los que tenemos al lado: con nuestros compañeros de clase. Que Dios nos ayude a decir sí siempre que alguien nos necesite.

EL ARTE DE ENCONTRAR A DIOS
Un día un discípulo fue al encuentro de su maestro y le dijo:
- “Maestro, quiero encontrar a Dios”.
El maestro, sonriéndole, le miró pero no le dijo nada.
               El joven discípulo volvió al día siguiente a hacerle la misma petición; y así cada día… Pero el sabio maestro sabía muy bien a qué atenerse.
       Un buen día caluroso le rogó que le acompañase al río a tomar un baño. El discípulo le acompañó y, llegados, ambos se sumergieron en el agua. En un instante, el maestro retuvo a la fuerza durante unos momentos al chico bajo el agua. Después de un breve forcejeo le soltó y le preguntó:
               - ¿Qué es lo que más anhelabas cuando estabas bajo el agua?
Respondió el discípulo:
- ¡Aire!
- ¿Anhelas a Dios con la misma intensidad? Si le anhelas así -siguió el maestro-, no te quepa duda de que lo encontrarás. Pero si no tienes ese deseo o sed de Dios, lucharás con tu inteligencia, tus labios y todas tus fuerzas, pero todo en vano, porque no lo encontrarás.
                             
ORACIÓN POR EL AÑO NUEVO
Señor Dios, dueño del tiempo y de la eternidad, tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro. Al terminar un año quiero darte gracias por todo aquello que recibí de TI.
Gracias por la vida y el amor, por las flores, el aire y el sol, por la alegría y el dolor, por cuanto fue posible y por lo que no pudo ser.
Te ofrezco cuanto hice el año pasado, el trabajo que pude realizar y las cosas que pasaron por mis manos y lo que con ellas pude construir.
Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé, las amistades nuevas, los más cercanos a mí y los que estén más lejos, los que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar, con los que compartí la vida, el trabajo, el dolor y la alegría.
Pero también, Señor hoy quiero pedirte perdón, perdón por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado, por la palabra inútil y el amor desperdiciado. Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho, y perdón por vivir sin entusiasmo. También por la oración que poco a poco fui aplazando y que hasta ahora vengo a presentarte. Por todos mis olvidos, descuidos y silencios nuevamente te pido perdón.
Al iniciar un nuevo año detengo mi vida ante el nuevo calendario aún sin estrenar y te presento estos días: te pido para mí y los míos la paz, la salud y el cariño. Dame alegría para que, cuantos convivan conmigo o se acerquen a mí encuentren en mi vida un poco de TI.
Danos un año feliz.