miércoles, 31 de enero de 2018


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¿OJO POR OJO, O PERDONAR?
Jesús nos trae hoy una Buena Noticia.
Quizá creamos que sabemos mucho sobre él, que hemos oído muchas veces hechos de su vida, pero su palabra puede sonar de forma distinta cada día y nos puede dar luz en nuestros problemas.
En ocasiones, nos enfadamos con los demás o incluso podemos llegar a insultar a aquel que no nos cae bien. Ante esto Jesús nos dice unas palabras:

“Habéis oído que antes se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente.’ Pero yo os digo: No resistáis a quien os haga algún daño. Al contrario, si alguien te pega en la mejilla derecha, ofrécele también la otra.  Al que te pida algo, dáselo; y no le vuelvas la espalda a quien te pida prestado.”
“También habéis oído que antes se dijo: ‘Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo.’ Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, pues él hace que el sol salga sobre malos y buenos, y envía la lluvia sobre justos e injustos. Porque si amáis solamente a quienes os aman, ¿qué recompensa tendréis? Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario?”

Jesús nos ha dejado este mensaje para que lo tengamos en cuenta en nuestra relación con los demás. Su consejo para que seamos felices es que no peguemos, que la violencia no lleva a ningún sitio. Dar y ayudar a todo el que nos pide algo, aunque no nos caiga bien o no le conozcamos. En definitiva, saludar, querer, compartir con todos, pero empezando con los que tenemos al lado: con nuestros compañeros de clase. Que Dios nos ayude a decir sí siempre que alguien nos necesite.

Esta semana en nuestro colegio estamos celebrando el DENIP, por qué no celebrar también la
SEMANA DE LA PAZ Y LA NO VIOLENCIA ESCOLAR

Que nadie se haga ilusiones de que la simple ausencia de guerra, aun siendo tan deseada, sea sinónimo de una paz verdadera. No hay verdadera paz si no viene acompañada de equidad, verdad, justicia, y solidaridad. (Juan Pablo II)

Señor Jesús, tú que guías sabiamente
la historia de tu Iglesia y de las naciones,
escucha ahora nuestra súplica.

Nuestros idiomas se confunden
como antaño en la torre de Babel.
Somos hijos de un mismo Padre
que tú nos revelaste
y no sabemos ser hermanos,
y el odio siembra más miedo y más muerte.

Danos la paz que promete tu Evangelio,
aquella que el mundo no puede dar.

Enséñanos a construirla como fruto
de la Verdad y de la Justicia.

Escucha la imploración de María Madre
y envíanos tu Espíritu Santo,
para reconciliar en una gran familia
a los corazones y los pueblos.

Venga a nosotros el Reino del Amor,
y confírmanos en la certeza
de que tú estás con nosotros
hasta el fin de los tiempos.
 Amén.
CAMBIAR EL MUNDO
Cuando era más joven y mi imaginación no tenía límites, soñaba con cambiar el mundo. 
Según fui haciéndome mayor, pensé que no había modo de cambiarlo, así que me propuse un objetivo más modesto e intenté cambiar solo mi país, pero con el tiempo me pareció también imposible.
Cuando llegué a la vejez, me conformé con intentar cambiar a mi familia, a los más cercanos a mí. Pero tampoco conseguí casi nada.
Ahora, en mi lecho de muerte, de repente he comprendido una cosa: si hubiera empezado por intentar cambiarme a mí mismo, tal vez mi familia habría seguido mi ejemplo y habría cambiado, y con su inspiración y aliento quizá habría sido capaz de cambiar mi país y -quien sabe- tal vez incluso hubiera podido cambiar el mundo. (Encontrada en la lápida de un obispo anglicano en la Abadía de Westminster).


Señor, vivimos en un mundo sin paz.
Haz de nosotros personas pacíficas y pacificadoras,
para hacer un mundo mejor.

Señor, que en nuestra clase, en nuestro colegio,
en nuestras familias…
seamos constructores de paz.

El Papa Francisco llama a las nuevas generaciones a no dejarse arrastrar por ideologías y a no bajar la guardia contra el antisemitismo y el racismo. Llama a los jóvenes “para que no se dejen arrastrar por ideologías, para que no justifiquen jamás el mal que encontramos, para que no bajen la guardia contra el antisemitismo y contra el racismo, vengan de donde venga”.
BIENAVENTURANZAS PARA LA CONVIVENCIA
Bienaventurados los que a nadie consideran extranjero en este mundo.
Bienaventurados los que a nadie discriminan ni por la raza ni por su credo religioso, ni por el sexo, ni por el nivel social, económico o intelectual.
Bienaventurados los que acogen con los brazos abiertos y llenos de calor humano a las personas que tienen que huir de las guerras, el hambre y la miseria.
Bienaventurados los que comprenden y aceptan al otro frente a la tentación de creerse mejores.
Bienaventurados los que promueven el espíritu de comunidad frente al individualismo.
Bienaventurados los que en un mundo insolidario colaboran  para implantar  la justicia y la solidaridad.
Bienaventurados los que más allá del desconocimiento de lenguas y culturas aprenden a comunicarse mediante el lenguaje universal del amor.
Bienaventurados, inmensamente felices seréis, vosotros y vosotras, cuando abráis vuestro corazón a los demás y acojáis a todos como a hermanos.

ORACIÓN FINAL


Señor, haz de mi un instrumento de tu paz.
Que allá donde hay odio, yo ponga el amor.
Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón.
Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión.
Que allá donde hay error, yo ponga la verdad.
Que allá donde hay duda, yo ponga la Fe.
Que allá donde desesperación, yo ponga la esperanza.
Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz.
Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría.

Oh Señor, que yo no busque tanto ser consolado, cuanto consolar,
ser comprendido, cuanto comprender,
ser amado, cuanto amar.

Porque es dándose como se recibe,
es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo,
es perdonando, como se es perdonado,
es muriendo como se resucita a la vida eterna.