miércoles, 26 de abril de 2017



Después de Semana Santa y las confirmaciones de nuestros chicos de tercero volvemos a la rutina diaria, a lo normal, al trabajo, al estudio… Es el último tirón hasta finalizar el curso. Sin embargo, aún con todo esto, ojalá no se nos pase desapercibido que estamos en Pascua. El tiempo pascual es el más importante para un cristiano. Se tendría que notar: ¡Jesús ha resucitado! Tendríamos que estar especialmente alegres. No es porque el resto del año no esté vivo y presente, que lo está. Si no, porque tenemos 50 días para celebrarlo.

Imaginaos el cumpleaños de alguien tan importante, alguien a quien queréis tanto, que os tiráis 50 días celebrándolo. Pues algo así es este tiempo pascual. Pero, ¡ojo!, no confundáis la alegría con la juerga, que también es buena de vez en cuando, pero no es lo mismo. No toca el corazón ni es tan profunda. Puedes tener juergas todos los fines de semana y ser muy infeliz; pero si tienes alegría en ti, sin duda, estás más cerca de la felicidad.En cada momento de esta oración, pensaremos sobre una frase relacionada con la alegría. Quedémonos hoy con esta para recomenzar el curso:
La alegría cuanto más se gasta más queda
Pero no se trata de una alegría cualquiera: Nos referimos a la alegría de algo tan increíble como resucitar. O mejor dicho: la alegría de tener fe y confianza suficientes para que Dios te ayude a vivir feliz.
¿No os pasa a veces que cuanto más nos empeñamos en algo, más difícil parece que suceda? ¿No os ha pasado nunca que justo cuando dejas de pensar en tus propios gustos y apetencias es cuando recibes eso que tanto deseabas? Yo creo que con la alegría pasa algo así, lo mismo que con el amor. Si vives con amor, tienes amor en tu vida; si te mueves por la vida con alegría, recibes alegrías continuamente. La gente que pasa la vida triste y amargada, curiosamente dice que no ve ningún motivo para estar alegre. En el tiempo pascual hay una oración dedicada a María que solo se reza en este tiempo y que dice justamente eso: ALÉGRATE, MARÍA! Es el mayor deseo de Dios: que nos alegremos.
Por eso, ahora te propongo reflexionar sobre esta frase:
Se alegre y tendrás alegría.
Otra de las diferencias entre la alegría verdadera, la del interior, y la otra, la de la carcajada simplona, está en que la alegría verdadera no es de un momento solo. No se acaba cuando se acaba la fiesta, la juerga o lo que sea. Es más bien como invertir en un banco. Va creciendo por dentro y por eso, parece que uno no puedo menos que intentar que otros también estén alegres. Realmente creo que si una persona es alegre ella sola mientras que la gente de alrededor sufre, no es alegría verdadera; es más bien egoísmo o ceguera. Además, ¿no es verdad que cuando hacemos algo por los demás e intentamos que las cosas vayan mejor, uno siente por dentro una especie de paz o de bienestar o de estar a gusto, que no se consigue de otra manera? Haz la prueba. Bueno, claro, parece ser que con una vez al año, no se nota mucho… Es más cuestión de que te acostumbres a vivir en esa clave: vivir para dar vida a los demás… Así nos salvó Jesús, ni más ni menos.
También nos puede ayudar reflexionar sobre la siguiente frase:
La mejor manera de alegrarte es intentar alegrar a alguien.
Cuando los cristianos decimos que es Dios quien nos da la verdadera alegría, la verdadera fuerza para vivir, la esperanza y todo… lo decimos porque lo sentimos así de verdad. No celebramos la Resurrección sólo por recordar algo bonito que pasó antiguamente; no. Lo celebramos porque sentimos que Cristo sigue siendo esa especie de motor por dentro que aún cuando las cosas no van bien, nos mantiene con esperanza; cuando sufrimos por algo, nos acompaña para no estar solos; cuando nos fiamos de Él nos hace vivir con una alegría tan sencilla y profunda que no nos queda más remedio que reconocer que eso no me lo estoy inventando yo. ¿Alguna vez te has sentido tan feliz de estar vivo, con tantas ganas de hacer algo por cambiar el mundo, con tanta esperanza y alegría que no puedes explicar de dónde viene? La alegría auténtica es más difícil de sentir porque ninguno de nosotros se la puede fabricar. Sólo nos queda vivir de tal forma que esa alegría profunda quiera quedarse a “vivir” dentro de nosotros. Tú verás si vives de tal forma que la paz, la serenidad, la felicidad estén huyendo de ti…
Apunta la frase:
La alegría es una de las pocas emociones que uno no puede fabricar.
Hay días que nos cuesta más sonreír y hay días un poco tontos que nos reímos por cualquier cosa. Hoy vamos a pensar sobre la sonrisa, no sobre esa risita tonta que a veces tenemos. ¿Cuándo es la última vez que has sonreído con toda tu alma, con todas tus fuerzas, con todas tus ganas? Es decir, ¿cuándo es la última vez que has sonreído por dentro, en tu corazón? Esa sonrisa, que no suele hacer ningún ruido ni llamar la atención, acaba saliendo de nosotros y la gente lo nota. Cuando uno está un ratito con alguien que sonríe por dentro, se siente mejor. Incluso a veces notamos que nosotros mismos tenemos el ceño fruncido por dentro… nos sentimos como grises, enfadados con la vida… y realmente, nos hartamos de nosotros mismos… ¿o no? Sonriamos, entonces! La vida real y diaria nos da mil motivos para ello. Y en Pascua, aún más.
Quizá también esta frase te ayudará en tu reflexión:
La sonrisa cuesta menos que la electricidad y da más luz
Padre resucitado, que sienta la paz que me muestras,
Que no se cierren mis “puertas” por el miedo,
Que me aferre al Espíritu que me regalas,
Para vivir intensamente el compromiso de sentirme enviado…
Nos encontramos en las puertas cerradas de nosotros mismos al igual que los discípulos estaban a puertas cerradas. Nosotros también tenemos miedo, tal vez por una razón diferente que la de ellos. Pero nosotros también necesitamos el aliento del Espíritu Santo para quitar nuestros temores para que podamos salir de detrás de esas puertas cerradas.
Señor, somos como Tomas con nuestras preguntas y nuestras dudas. A veces necesitamos ver para creer, te necesitamos para tener fe. Señor mío y Dios mío, perdona mis debilidades, mis dudas, mis temores…Porque aun siendo a veces como Tomás, deseo buscarte, estar contigo…
Porque aunque me encierre en mis silencios o en mis ruidos, en mis comodidades o en mis ocupaciones…Tú sabes cómo entrar en mi vida, como hacerla distinta, como insuflar aire en mis vacíos y oxigenar mi alma endurecida.
Que el Espíritu renovado de la resurrección, nacido de la victoria sobre la muerte y alimentado por el Amor más generoso…Impulse mi fe, mi permanencia en Ti, y aliente el ánimo modesto de quien quiere quererte, seguirte y responderte, Padre…
Tu Amor es mi paz, mi paz es tu perdón, y tu perdón es mi camino de testimonio al amparo de tu Fuerza.
Jesús, estás vivo. Jesús, Tú has vencido a la muerte. Dios te resucitó y estás vivo entre nosotros. Ayúdanos a no olvidar que nada puede quitarnos la alegría, porque Tú estás vivo a nuestro lado durante todos los días de nuestra vida. Aleluya, aleluya.
Señor, llena nuestros corazones con la alegría de la Pascua. Danos la valentía necesaria para proclamar que estás vivo y resucitado. Haz que anunciemos la Buena Noticia de tu Resurrección a los que están tristes porque no saben.
Querido Dios, enséñanos a descubrir todas las maravillas que haces por nosotros, especialmente la resurrección de Jesús. En ella has acabado con la muerte y nos has abierto las puertas de la vida nueva; una vida que no tiene fin, una vida plena, para siempre.
Con tu resurrección nuestro corazón se ha convertido en la casa de Dios, por eso podemos encontrarnos contigo y escucharte en el silencio. Por eso podemos darte gracias y pedirte lo que queramos, ya que Tú estás cerca de nosotros para atendernos. Aleluya, aleluya.
Ahora, una vez vencido el miedo, con la certeza de que estás a nuestro lado, salgamos fuera y transmitamos a nuestros hermanos la alegría de la Pascua. Y no olvides que la mejor manera de alegrarte es alegrar al que a tu lado está.
Hoy Dios te convoca.
Hoy Dios sale a tu paso.
Hoy Dios te sugiere, con susurro de invitación:
Vuélvete a mí. Te estoy esperando.
Rasga tu corazón y purifícalo de todo lo que le aparta de mí.
Pregúntate: ¿Quién es tu dios? ¿A quién o a qué adoras?

Hoy Dios te dice:
Este es el tiempo oportuno.
Esta es una nueva oportunidad.
Este es un día de salvación.
En nombre de Dios: “Déjate reconciliar con Dios”.

Hoy Dios te dice:
No vivas de apariencias.
Trabaja en secreto tu corazón hasta hacerlo semejante a Dios.
Entra en el secreto de tu vida. Atrévete.
Dios está en lo escondido, en tu adentro más íntimo.
Entra allí, en tu adentro.
Atraviesa la superficialidad que te rodea.
Entra en tu adentro y ora.
Dios escucha tu secreta oración.
Dios tiene ganas de intimar contigo.
Dios te está esperando.

Hoy Dios espera:
Hacerte nuevo.
Alegrar tu vida.