miércoles, 18 de octubre de 2017

                Comenzamos un nuevo curso y hay que empezar con ilu­sión y dedicación. Vamos a pasar muchas horas juntos, y todos debemos poner algo de nuestra parte. Somos como un barco que zarpa de puerto. Cuando salgamos al mar, tendremos varias opciones: subir a cubierta para contemplar el paisaje, conocer al resto de pasajeros, disfrutar del viaje activamente, o por el contrario podemos acomodarnos dentro, pensando lo que haré al llegar al destino, o tal vez, perdido en la apatía... El viaje es el curso que empezamos a navegar. El barco es nuestra clase, los compañeros. Nuestro destino pueden ser muchas cosas: sacar el aprobado, formarme, conocer a los demás, madurar como persona, nada es­pecial, pasar el trámite, pasarme el viaje de fiesta, encerrarme en mi camarote con mi gente hasta llegar a puerto...
Sería bueno detenernos un momento y reflexionar para responder íntimamente a estas preguntas ¿Con qué actitud comienzas? ¿Te conformas con dejar­te llevar, o piensas participar activamente?
                Jesús nos invita en este comienzo de curso a ser activos, a salir a cubierta, a disfrutar del mar, del paisaje, de la vida, a oler la brisa, a sentir el viento, a tocar el agua…
                Y nos invita también a crecer, a madurar, de la mano de mi grupo de amigos, y de los otros pasajeros, de mis compañeros, entre los que se encuentran verdaderos tesoros, piedras preciosas…
Personas que, como tú, pasan por momentos buenos y malos, que a lo largo de este año se sentirán como tú, felices unos días y tristes otros, que reirán a veces y llorarán también, que sentirán la soledad por momentos, y en otros se sentirán profundamente queridos, que sentirán como tú el éxito y la decepción… Personas como tú…
SEAMOS LUZ PARA LOS DEMÁS.
A lo mejor conoces esta anécdota.
Era un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles de su pueblo llevando una lámpara de aceite encendida. La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella. En un determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce. Se da cuenta de que es Fruela, el ciego del pueblo. Entonces, le dice:
“¿Qué haces Fruela, tú que eres ciego, con una lámpara en la mano? ¡Si tú no ves!”.
Entonces el ciego le responde:
“Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Conozco las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mí. No solo es importante la luz que me sirve a mí, sino también la que yo uso para que otros puedan también servirse de ella”.

¿A quién te recuerda esta anécdota?  Seguro que estás pensando en Jesús.
Él se convierte para nosotros en Luz. Y ¿cómo lo hace?
Proponiéndonos un estilo de vida, en el que nos hace diferentes al resto de las personas. Él, a través de su entrega desinteresada, fue capaz de cambiar el mundo.
Este pequeño relato puede dejarnos un propósito para realizar durante este día. Cada uno de nosotros vamos cumpliendo con nuestras responsabilidades y actividades pero a veces no nos fijamos en lo que hacen los demás, -y sobre todo en lo que pueden necesitar-.

Te propongo prestar un poco más de atención a lo que hacen otras personas cercanas a nosotros: compañeros, hermanos, padres, etc.
No seamos ciegos, seamos originales y ofrezcamos nuestra luz a la gente que convive con nosotros con pequeños detalles como el saludar, el dar las gracias, el ser amables, etc. Seguro que su vida mejorará en calidad y también la nuestra.
Amar sin medida
Motivación
En nuestra sociedad se nos está olvidando algo tan sencillo como es dar. Muchas personas están dispuestas a dar, pero sólo a cambio de recibir. Son personas que no se han desarrollado más, no han superado esa etapa receptiva y acaparadora. Han encontrado el sencillo método para vivir encerrados en sus egoísmos, sin sentirse turbados por las necesidades que hay a su alrededor; pero la medida del amor es amar sin medida.

Palabra de Dios (Mc. 12, 41-44)
Jesús, sentado, estaba mirando cómo la gente echaba su limosna en el cepillo del templo. Muchos ricos echaban mucho. Pero llegó una viuda pobre y echó dos reales. Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: “Os aseguro que esa pobre viuda ha echado más que todos, pues todos han echado de lo que les sobra; en cambio, ella ha echado de su indigencia todo lo que tenía para vivir”

Reflexión
Jesús alaba a la viuda porque lo que da es parte de su vida. Dar no es un problema de cantidad, sino de generosidad. No hay amor allí donde no hay entrega generosa, gratui­dad. Observa qué estás haciendo gratuitamente por los demás, sin esperar nada a cambio en tu familia, en el cole­gio, en el trabajo de cada día, en tu grupo de amigos, en las circunstancias diarias que se te presentan en la calle.
LAS BIENAVENTURAZAS DE LA AMISTAD

Felices los que saben vivir la amistad, porque la amistad es uno de los
sentimientos más hondos que puede experimentar el ser humano.

Felices los amigos limpios de corazón, porque nunca tendrán dobleces y jamás serán falsos en la expresión de la amistad.

Felices los amigos peregrinos, los que caminan juntos, los que avanzan juntos, los que se saben esperar para seguir adelante, con el mismo paso.

Felices los amigos que trabajan por la paz, felices los que hacen de la amistad un remanso de paz, los que nunca se irritan. Y los que, si se irritan, saben controlarse y nunca lastiman al otro, ni con gestos ni con palabras.

Felices los amigos que escuchan, los que tienen oídos dispuestos, los que son comprensivos, los que saben escuchar con su corazón, los que están abiertos a escuchar en todo momento.

Felices los amigos aun cuando lloran, los que saben compartir el dolor, los que tienen el corazón sensible para vibrar junto al del amigo.

Felices los amigos que son Compañeros, los que son verdaderos acompañantes, los que están en las buenas y en las malas, los que están al lado con optimismo y alegría.

Felices los amigos misericordiosos, los que saben perdonarse, y los que saben pedirse perdón.
Padrenuestro...

                Que tengáis un buen día y un feliz curso 2017-2018.