miércoles, 25 de octubre de 2017

Este domingo pasado celebramos  el día del Domund, la Jornada Mundial de las Misiones que une a toda la Iglesia por tanto, nos reunimos para rezar los misioneros.
En los inicios, los cristianos anunciaron con valentía lo que habían visto y vivido. Hoy nosotros también estamos llamados a comunicar, con valentía, a otros lo que experimentamos y creemos. Con nuestra oración, palabras y modo de vivir, la Buena Noticia ha de llegar a toda la tierra. La misión no ha terminado aún: la misión nos espera. Pidamos al Espíritu que nos llene de audacia y creatividad

ABRIR LAS FRONTERAS DE NUESTRO CORAZÓN
A los que amo yo los reprendo y corrijo. Sé fervoroso y arrepiéntete. Mira que estoy a la puerta llamando. Si uno escucha mi llamada y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo. (Ap 3, 19-20)
“A cada uno de nosotros, por el bautismo, se nos ha confiado la misión de ser testigos valientes en medio de nuestra vida. Ser valiente significa salir de mis seguridades para encontrarme con el otro. Ser valiente es dejarme involucrar y comprometer. Ser valiente es sentirme responsable de la misión hacia los otros. Ser valiente es responder a la llamada a implicar mi vida.”
Ofrezco mi corazón a Dios y lo pongo en sus manos para que Él lo ensanche. Me dejo mirar por Él y contemplo su grandeza.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 10, 1-9
En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: "Paz a esta casa". Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa en casa. Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya en ella, y decidles: "El reino de Dios ha llegado a vosotros"». “El que conoce a Cristo encuentra una vida nueva, que lo libera del egoísmo y es fuente de creatividad en el amor; una vida nueva capaz de estrechar lazos con los demás e ir en peregrinación hacia los diversos desiertos y experiencias de sufrimiento, con la esperanza cierta de que con Dios podemos hacer frente a todo mal. Por ello, uno puede ofrecer su vida con valentía e ir lejos, a los hermanos, para que gocen de esa misma alegría.”
 ¿A qué, a dónde se nos está llamando a ir hoy en día? ¿Cómo puede hacerse nuestra acción de cada día más fecunda?

Levanto el corazón a ti, Señor:
Ayúdame a lanzarme, hazme valiente.
Muéveme con tu impulso a donde quieras, Inventa los caminos de mi vida.
Sé que Tú me guiarás, y eso me basta. Incluso con mis dudas y mis miedos,
Oyendo tu llamada, daré el salto: No importa nada más, si vas conmigo.
Tu alegría, Señor, será mi fuerza, Evangelio que es luz para los pobres.
Envíame a anunciar esta Noticia, Sembrando la ternura y la esperanza Por las mil periferias de este mundo.
En tu misión confío, porque es tuya. Renueva esta ilusión de darme a todos, Amándote en quien sufre, en mis hermanos.

Pidamos al Señor, para que nos ayude en esta tarea
Para que anunciemos con valentía el Evangelio a todo el mundo, ciertos de que Jesús se convierte en nuestro contemporáneo y de que quienes lo acogen con fe y amor experimentan la fuerza transformadora de su Espíritu. Roguemos al Señor.
Para que todos, como Iglesia, continuemos nuestra misión de Buen Samaritano, curando las heridas sangrantes de la humanidad, y, a imitación del Buen Pastor, busquemos sin descanso a quienes se han perdido. Roguemos al Señor.
Por los misioneros y misioneras, que han dejado valientemente su patria por amor a Cristo, para que sean testigos del Evangelio y promuevan en todas partes la reconciliación, la fraternidad y el saber compartir. Roguemos al Señor.
Por los jóvenes que son esperanza para la misión y que se han dejado fascinar por Jesús, para que, como dice el Papa, “sean «callejeros de la fe», felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, a cada plaza, a cada rincón de la Tierra”. Roguemos al Señor.
Por nosotros, para que, como comunidad, sintamos el deseo de salir de nuestras propias fronteras y seguridades, y remar mar adentro para anunciar el Evangelio a todos. Roguemos al Señor.

Para terminar un momento de oración por nuestros misioneros
Protege, Señor, a tus misioneros, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, que dejan todo para dar testimonio de tu palabra y de tu amor.
En los momentos difíciles, sostenlos, consuela sus corazones, y corona su trabajo de frutos espirituales.
Y que tu imagen del crucifijo que les acompaña siempre, hable a ellos de heroísmo, de generosidad, de amor y de paz.

Amén.