miércoles, 25 de abril de 2018

Padre, al amanecer este nuevo día, haz que seamos fieles a tus enseñanzas y líbranos del error y del pecado en este día.
Concédenos la gracia de caminar en tu luz, y ver tu luz en todas las personas que encontremos en nuestro camino.
PADRENUESTRO.
QUÉ ES CUARESMA:
Se conoce como Cuaresma al período del tiempo litúrgico, los cuarenta días anteriores a la celebración principal del cristianismo: la Resurrección de Jesucristo, que se celebra el Domingo de Pascua. La Cuaresma es una palabra de origen latín “quadragésima”, que significa “cuadragésimo día” (antes de la Pascua). La Cuaresma es practicada desde el siglo IV y  comienza el Miércoles de Ceniza y termina el Jueves Santo, cuando los católicos, los católicos ortodoxos, los anglicanos y algunas iglesias evangélicas se preparan para la Pascua.
                      ORACIÓN
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en la Cruz y escarnecido.
Muéveme ver tu cuerpo tan herido
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, de tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera;
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.
(Soneto atribuido a San Francisco Javier)
EVANGELIO DEL DÍA
Lectura del santo evangelio según san Mateo 20,17-28
En aquel tiempo, mientras iba subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará.»
Entonces se le acercó la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición.
Él le preguntó: «¿Qué deseas?»
Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.»
Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?»
Contestaron: «Lo somos.»
Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.»
Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.»
LA DOBLE MEDIDA
Señor, disculpa mis flaquezas,
mis caídas y silencios.
Dame otra oportunidad.
Olvida mis negaciones,
mi tibieza, mis eternas contradicciones.
Ábreme otra vez la puerta,
acógeme en tu casa y en tu abrazo.
Tú, que sabes cómo soy.

Perdona tú, hijo,
a quien te hirió con sus flaquezas, sus caídas y silencios…
a quien no estuvo a la altura, a quien no supo quererte bien…

Pero ¿por qué?
¿para que me vuelva a herir,
me falle de nuevo, o me deje en la estacada?
¿Cómo olvidar la decepción, las medianías,
las perpetuas frustraciones?
¿Por qué mantener la puerta abierta,
mi casa dispuesta y el brazo tendido?

He ahí el dilema, constante y humano.
La doble medida. La piedad suplicada para uno mismo
y negada al otro. El amor acogido con gratitud,
pero entregado con cuentagotas.
La claridad ante la necesidad propia,
que se vuelve ceguera ante lo ajeno.
Aprended de mí, que soy Dios de misericordia.