miércoles, 29 de marzo de 2017


Confiar…. y después, confiar
Por las circunstancias que te ha tocado vivir, es posible que confíes en pocas personas e incluso que pocas personas confíen en ti. Pero ¿Qué es confiar?
      La confianza es tener fe; es contar con los demás y creer en alguien o algo; es tener seguridad de que el bien sucederá sin que yo tenga que controlarlo.
Igual que uno confía que el sol saldrá por la mañana sin que haya que mover un solo dedo, confiar en los demás es creer que las personas van a cumplir su palabra sin tener que obligarles.
      Confiar en uno mismo es tener fe en tu propia capacidad de aprender, cambiar y crecer. Cuando decimos que la vida no se ha portado bien con nosotros, nos resulta muy difícil confiar. Tener confianza no significa esperar que la vida nos resulte sencilla en todo momento. Confiar es estar seguro de que en todo lo que nos trae la vida siempre hay algo que aprender y que el amor de Dios siempre nos acompaña.
 Cuando tienes confianza sabes que nunca estás solo. Necesitas confiar en las personas, en los amigos y en ti mismo; ten en cuenta que la confianza tarda mucho en construirse y muy poco en venirse abajo; cuando prometes algo a alguien, cuando te comprometes o cuando alguien confía en ti, no debes traicionar esa confianza porque si fallas, te costará volver a recuperarla. Confiar en todos es una insensatez pero no confiar en nadie te conduce a la soledad.

¿PARA QUÉ CREER?
      Probablemente tú no rechazas a Dios. Al menos, nunca te lo has planteado así cuando te has ido alejando de la religión. Lo que te pasa es que no aciertas a creer y tampoco ves muy claro para qué te puede servir la fe.
¿Por qué no empezamos por aclarar algunas cosas?
Quizás la primera pregunta que surge en tu interior es muy sencilla: ¿Para qué creer?, ¿Cambia algo la vida el creer o no creer?, ¿sirve la fe realmente para algo?
      Esta pregunta sólo es posible cuando sigues pensando equivocadamente que tener fe es creer una serie de cosas enormemente extrañas que nada tienen que ver con la vida y no has vivido nunca la experiencia viva de Dios.  La experiencia de sentirte acogido por Él en medio de la soledad y el abandono, la experiencia sentirte consolado en el dolor y la depresión, la experiencia sentirte perdonado en el pecado y el peso de la culpabilidad, la experiencia de  sentirte fortalecido en la impotencia, la experiencia de sentirte impulsado a vivir, amar y crear vida en medio de la fragilidad.
¿Para qué creer?
Para vivir la vida con más plenitud.
Para situarlo todo en su verdadera perspectiva y dimensión.
Para vivir incluso los acontecimientos más banales e insignificantes con
más profundidad.
¿Para qué creer?
Para atreverte a ser humano hasta el final.
Para no ahogar tu deseo de vida hasta el infinito.
Para defender tu verdadera libertad sin rendir tu ser a cualquier  ídolo esclavizador.
Para permanecer abierto a todo el amor, toda la verdad, toda la ternura
que se puede encerraren el ser.
Para seguir trabajando tu propia conversión con fe.
Para no perder la esperanza en el hombre y en la vida.

EL AYUNO QUE DIOS QUIERE
Una de las palabras que nombramos el miércoles de ceniza es “El AYUNO”, tal vez te suene solo a privarte de cosas de comer, pero no consiste solo en eso.  Mira las cosas en las que se puede hacer ayuno.
El ayuno que Dios quiere es:
Que no hagas gastos superfluos , ni seas esclavo del consumo
Que prefieras pasar tú necesidad, antes que la padezcan otros.
Que ofrezcas tu tiempo al que lo pida y necesite.
Que prefieras servir a ser servido.
Que te comprometas en la lucha contra toda marginación.
Que veas en el pobre y en el que sufre, como creyente que eres, un signo de Jesucristo.
Que esperes cada día una nueva humanidad.
Que te alimentes de la palabra de Dios.
Que respetes todo ser vivo.
Que te abstengas de toda violencia
Y así podríamos seguir nombrando tantas y tantas cosas de los que podemos hacer ayuno.

Oración por nuestra tierra
Dios omnipotente,
que estás presente en todo el universo
y en la más pequeña de tus criaturas,
Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe,
derrama en nosotros la fuerza de tu amor
para que cuidemos la vida y la belleza.
Inúndanos de Paz, para que vivamos como hermanos y hermanas
sin dañar a nadie.
Dios de los pobres,
ayúdanos a rescatar
a los abandonados y olvidados de esta tierra
que tanto valen a tus ojos.
Sana nuestras vidas,
para que seamos protectores del mundo
y no depredadores,
para que sembremos hermosura
y no contaminación y destrucción.
Toca los corazones
de los que buscan sólo beneficios
a costa de los pobres y de la tierra.

Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa,
a contemplar admirados,
a reconocer que estamos profundamente unidos
con todas las criaturas
en nuestro camino hacia tu luz infinita.
Gracias porque estás con nosotros todos los días.
Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha
por la justicia, el amor y la paz.
                                                                                      Papa Francisco
APRENDER A SERVIR
Jesucristo vino al mundo para “servir” a la humanidad. Lo dijo en numerosas ocasiones y lo hizo durante toda su vida en la Tierra.
Servir consiste en buscar siempre la felicidad del otro; consiste en compartirlo todo.
Es el único medio de cambiar el mundo y de devolverle la capacidad de amar.  
 Es una tarea difícil. Algunos dicen que es imposible. Jesús nos demuestra que no lo es tanto, Él lo consiguió y nos invita a que nosotros también lo intentemos. Pero... ¿cómo? Jesús nos da las pistas: mirando más allá de las apariencias; sirviendo y ofreciendo nuestra paciencia, nuestra alegría, nuestro perdón; caminando hasta el final, sin cansarnos ni tirar la toalla a mitad de camino, con Jesucristo los cristianos logran que la vida triunfe sobre el mal y la muerte.
      Los cristianos, siguiendo al Señor Jesús, aprendemos a servir, a ofrecer lo mejor que tenemos para que el otro sea feliz.
Los seguidores de Jesús tenemos que entender la vida como un tiempo para aprender a servir.
 Aprender a servir explicando a un compañero el problema que no entiende. Aprender a servir no criticando a los demás, sino ayudándoles a mejorar. Aprender a servir cumpliendo con nuestras obligaciones.

Aprender a servir perdonando de corazón a aquellos que nos molestan. Aprender a servir pensando siempre en la felicidad de los que están a mi alrededor.